"Nosotros tendremos éxito"


"La primera vez que mi esposo y yo empezamos el tratamiento estábamos muy optimistas. Desde luego nosotros sabíamos que teníamos un 25% de oportunidad de éxito pero aún así... Seguimos todas las instrucciones cuidadosamente. No me importaron demasiado las inyecciones. El equipo de FIV fue muy simpático y le dije a mi jefe en el trabajo, entonces él entendió cuando llegué tarde al trabajo o quise irme antes a casa. Usted podría decir que el tratamiento iba como de libro. Mi esposo fue de gran apoyo e incluso ayudaba a preparar mis inyecciones y me recordaba inyectarme (como si yo pudiera olvidarlo por un minuto). Fue el período más intenso en mi vida. Por eso, cuando la terapia terminó (mis óvulos fertilizados y embriones implantados) y me llegó mi menstruación, me puse muy triste. Me pilló desprevenida, aún cuando yo sabía los riesgos. No hay problema para nosotros en empezar por segunda vez, por eso vamos a intentarlo. Y todavía estamos esperanzados porque vemos a muchas parejas exitosas alrededor de nosotros."

Fernando y Marcia

"Para una pareja que alguna vez fue infértil, la vida continúa siendo un milagro"

Ingeborg ya había renunciado a la idea de tener hijos. Después de trabajar como aeromoza, sufrió de una serie de infecciones estomacales y una historia de quistes ováricos. Esta situación tuvo como consecuencia la extirpación de una de sus trompas de Falopio a los 21 años de edad. Siete años más tarde, después que se le extirpó la segunda trompa de Falopio además de un ovario y parte del tejido cicatrizal residual, el cirujano le dijo: "Es dudoso que pueda tener hijos, pero afortunadamente vivimos en tiempos modernos. Quizá algo se descubra".

Hoy, ella rememora la historia en su cómoda casa en La Haya, Holanda, que comparte con su esposo Frits y su hija de tres años, Eva. Cuenta cuán choqueada y enojada se sintió en ese entonces, no solamente por las palabras del doctor, sino que también por el hecho que le habían extirpado su última oportunidad de tener un hijo junto con los quistes. "Sin embargo, no soy del tipo que se sienta en un rincón a llorar. Pensé, bien, así están las cosas. Cuando me casé con Frits, ya le había contado que no podía tener hijos, así que planeábamos comprar un velero y yo iba a retomar mis estudios de leyes".

A pesar de sus planes para concentrarse en una carrera, cuenta: "Algo dentro de mí me decía que intentara tener un hijo por medio de la fertilización in vitro (FIV), cuando escuché hablar a mi ginecólogo al respecto. Sin las trompas, éste era el único método que podía intentar para quedar embarazada".

Fue a un pequeño hospital que se especializa en FIV, donde se hizo todos los exámenes preliminares. "El día que íbamos a comenzar el primer tratamiento, encontraron un quiste en mi otro ovario y analizaron si posponer la cita para un mes más. En un principio me sentí desalentada y estaba apunto de darme por vencida, pero gracias a la insistencia de mi esposo, extirparon el quiste esa tarde y comenzamos con el procedimiento".

Se le administraron inyecciones de Puregon®, el cual se le describió como una nueva preparación hormonal revolucionaria para el tratamiento de la infertilidad. Ella recuerda que durante el proceso de FIV, "hay cierto tipo de presión, y uno está consciente que las probabilidades de éxito son muy pequeñas. En cambio cuando una pareja fértil quiere tener un bebé, toman la decisión y lo intentan hasta tener éxito. Al principio todo parece demasiado antinatural", dice ella de la experiencia.

"Uno se enfrenta de manera intensa a la incertidumbre las 24 horas del día durante un período de dos semanas. Primero están las inyecciones, luego hay que ir al hospital a hacerse un examen para ver cuántos folículos hay y cuánto han crecido. Después te inyectan otra hormona para liberar los folículos y deciden cuándo sacarlos. Y por último, mi esposo tiene que ir a una habitación y eyacular sus espermatozoides".

Tres semanas después de esta penosa experiencia ‘antinatural’, cuando estaba a punto de inscribirse en la Escuela de Leyes, ellos recibieron la noticia que Ingeborg estaba embarazada. Uno de los dos embriones que fue puesto nuevamente en su útero se había implantado. "Pero siempre es así, ¿no?", dice con una sonrisa. El embarazo fue típico. Estuvo enferma los primeros meses, subió alrededor de 23 kilos y no tuvo complicaciones. "Una vez que pasaron las náuseas del embarazo, me sentí perfectamente, de maravilla", recuerda. "Y sin embargo aún me sigo preocupando, cómo puede esto estar bien. Seguro algo terrible me va a pasar. Cuando Eva nació, no podía soportar mirarla, tenía tanto miedo que pudiera haber algo malo. Pero Frits me aseguró que todo estaba bien. Y lo estaba. La amamanté y todo era realmente natural. "Tres años más tarde, después de haber sobrevivido a una fiesta de cumpleaños llena de pequeños de tres años, ella admite que "aún es tan extraño", mientras los ojos se le llenan de lágrimas de felicidad.

"Después del prolongado y arduo trabajo de parto, no quise alterar el destino. Entonces pensé que sería bonito que Eva tuviera un hermano o una hermana. Y también lo sería para nosotros. Pensamos que debíamos intentarlo y si no resultaba siempre podríamos decirle a Eva que lo intentamos. Llamé al hospital y les dije que estaba lista. "Al igual que antes, dos de los huevos de Ingeborg que habían sido fertilizados con los espermatozoides de su esposo fueron colocados nuevamente en el útero. Están esperando la llegada de su segunda hija.

Después de este nacimiento, ¿pasaría por esto nuevamente? "No, porque para nosotros dos hijos son suficientes. Pero si hubiera querido cuatro hijos, ciertamente lo haría. Hoy en día cuando se habla de FIV, uno escucha muchas historias de personas que intentan con este método y tienen éxito. Cada vez es más aceptado a diferencia de 10 a 15 años atrás. Muchas personas no entienden como funciona la FIV. Creen que es extraño, como si el bebé en realidad creciera fuera de la probeta, o que Frits no es el padre. Pero obviamente sí lo es. Simplemente fertilizan mi huevo con sus espermatozoides fuera del útero, y luego lo colocan nuevamente. Es tan simple como eso. Pero no quiero parecer que doy todo por sentado", enfatiza. "Especialmente después de descubrir a temprana edad que no podría tener hijos. Me siento muy afortunada. Y para mi esposo y para mí, continúa siendo un milagro".

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