La
mayoría de las personas creemos tener control
absoluto de nuestro cuerpo y de aspectos tan comunes
como la procreación. Por ello, cuando nos enfrentamos
a un problema de infertilidad reaccionamos con sorpresa,
shock y negación.
Esta respuesta inicial es típicamente seguida
de sentimiento de pérdida, fracaso y preocupación
constante por el problema: no se puede pensar en otra
cosa, postergamos intereses y expectativas
previstas. Comúnmente se desarrolla
descontento con la pareja, la familia, los amigos
y, sobre todo, con el mundo fértil porque para
otras personas es difícil entender que la infertilidad
se experimenta como una pérdida similar a la
que se vive con el diagnóstico de una enfermedad
crónica o una amputación.
Ella
Como en muchas sociedades tener un hijo es considerado
la máxima expresión de amor, las mujeres
infértiles se sienten devaluadas ante las constantes
presiones que eliminan la confianza en sí mismas,
la sensación de competencia y de control. Creen
ser las culpables ante su compañero y motivo
de decepción para el resto de la familia. Otras
lo viven como un castigo por conductas previas como
sexualidad prematrimonial o extramarital, abortos,
promiscuidad, experiencias homosexuales, masturbación
e incluso el uso de anticonceptivos. Así, el
dolor y los tratamientos estresantes pueden representar
una expiación por las acciones pasadas. El
enojo por la sensación de injusticia se estimula
al ver embarazadas o bebés (envidia y celos).
El
Por su parte, las respuestas psicológicas del
hombre se asocian con la incapacidad para embarazar
a su compañera, es decir, con su virilidad.
Algunos buscan evadir esta sensación a través
de relaciones extra maritales, alcohol y drogas. Para
la mayoría es humillante y devastador saberse
con una disfunción de este tipo.
La pareja
Desde luego, el impacto de la infertilidad también
se experimenta en forma conjunta. Las mujeres tienden
a ser más expresivas en sus emociones que los
hombres, muestran su angustia y depresión.
El varón es propenso a contener sus emociones
porque sienten la responsabilidad de ser la parte
fuerte, el pilar que sostiene la relación.
Cree que si expresa lo que siente se van a derrumbar.
Ella puede interpretar el silencio como falta de interés
y exagera sus quejas en busca de atención.
Se generan sentimientos de abandono, resentimiento
y en el momento en que los dos se necesitan, se separan.
No lograr el embarazo se vuelve una preocupación
constante y los otros aspectos de la vida se subordinan.
En el ámbito sexual el coito pierde satisfacción,
ternura y acercamiento afectivo: se deja de hacer
el amor para tratar de hacer bebés. El síndrome
de "esta es la noche" cambia el propósito
del contacto sexual.
La culpa hacia el otro afecta gravemente la relación
de pareja. La persona en quien se determinó
la baja fertilidad siente una inmensa responsabilidad
por privar al otro de la paternidad. Por otro lado,
la mujer o el varón no afectado puede sentir
enojo hacia el otro o culpa por ser impaciente ante
la difícil situación.
La familia
La falta de aceptación social les conduce
a no querer revelar su problema y concluyen
que nadie los entiende. Son propensos a aislarse
como protección ante sentimientos de anormalidad,
rechazo, abandono y de no ser amados.
Buscar apoyo
Normalmente en toda esta experiencia se tiene altas
y bajas emocionales. Si se permanece durante tiempo
prolongado con los síntomas descritos es recomendable
buscar apoyo de un profesional de la salud mental.
La ayuda contribuirá a examinar los sentimientos,
determinar las prioridades y mejorar la capacidad
de adaptación ante esta situación tan
difícil. También es de gran utilidad
para tomar decisiones bien sustentadas enfrentar los
tratamientos médicos y quirúrgicos que
se requieran, entender las emociones físicas
y emocionales, así como explorar otras opciones
como la adopción y la vida sin hijos. Se requiere
de un apoyo que promueva la comunicación con
la pareja, disminuya la tensión y el resentimiento;
que ofrezca estrategias en el control de la ansiedad
y la depresión. Es necesario ordenar sentimientos,
reforzar habilidades de adaptación y, sobre
todo, comunicarse mas con la familia, los amigos y
el médico.